Tiempo de Adviento

El tiempo de Navidad, al igual que la Pascua, también está precedido de un tiempo de preparación. La palabra “adviento” era utilizada para designar la llegada de un soberano a un pueblo. “Los cristianos asumieron esa palabra para expresar su relación especial con Jesucristo. Para ellos, Cristo es el rey que ha venido a la pobre zona de provincia de la tierra y que le regala a la tierra la fiesta de su visita. Dios está presente. No nos ha dejado solos. Aun cuando no lo veamos ni podamos tocarlo físicamente, está presente y viene a nosotros de múltiples maneras”. (Card. Joseph Ratzinger)

Con el Adviento comenzamos un tiempo litúrgico en el que se celebra el advenimiento del Señor Jesucristo. Pero mientras que en el tiempo de Navidad contemplamos el misterio del Verbo hecho carne, el Adviente tiene como objetivo hacernos elevar la mirada hacia el futuro, en la espera de su retorno glorioso al fin de los tiempos.

La Liturgia

Las lecturas, las oraciones y los cantos subrayan el doble carácter del tiempo de Adviento. La primera parte (que llega hasta el 16 de diciembre), resalta sobre todo la segunda venida de Cristo. Se encuentra así en continuidad con el final del Tiempo ordinario, que culmina con la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Los ocho últimos días del Adviento, del 17 al 24 de diciembre, están orientados expresamente a la primera venida, el nacimiento del Señor. Así, en la Misa de la noche del 24 de diciembre, el paso entre el Adviento y la Navidad es casi imperceptible.
Toda la liturgia del Adviento encuentra su síntesis en los dos prefacios de este tiempo. El primero da gracias que el Señor “que vino por primera vez en la humildad de nuestra carne” y anuncia que vendrá “por segunda vez en el esplendor de su grandeza”, mientras que el segundo, dicho del 17 al 24 de diciembre, evoca a los profetas, la Virgen maría y Juan Bautista, para “preparar con alegría el misterio del nacimiento” del Salvador. (cf. Pierre Jounel, Missel du dimanche)

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Antífonas oh

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Las ferias del 17 al 24 se ordenan más directamente a la preparación de la Navidad. En esa semana se cantan las famosas antífonas OH en Vísperas. Se llaman así porque todas comienzan con la aclamación Oh y un título bíblico para el Mesías prometido y por llegar. Se cantan antes del Magnificat y todas con la misma melodía gregoriana. Las letras iniciales forman como un acróstico de dos palabras latinas EROS CRAS que significa: ESTARÉ MAÑANA. Sería como una respuesta de Dios a los 7 llamados que le hace la Iglesia.

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Anuncio de Navidad

En los laudes del 24 de diciembre se canta el Anuncio del nacimiento de Jesús. Con este anuncio muy parecido al Exultet Pascual, se proclama el nacimiento humilde del Señor. El cantor comienza en recto tono y al llegar al nacimiento de Jesús eleva el tono y cambia la melodía. Y todos nos ponemos de rodillas en actitud de veneración y adoración.

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“Antes de que me invoquéis os diré: Aquí estoy.” (RB Pról. 18)