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Hágase tu voluntad: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”

EL PADRE NUESTRO DE CADA DÍA

Textos comentados en la Cuarta Charla:

HÁGASE TU VOLUNTAD

“AQUÍ ESTOY, SEÑOR, PARA HACER TU VOLUNTAD”

Benedicto XVI

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Existe una voluntad de Dios con nosotros y para nosotros que debe convertirse en el criterio de nuestro querer y de nuestro ser. La característica del cielo es que allí se cumple indefectiblemente la voluntad de Dios. Allí donde se cumple la voluntad de Dios está el cielo. La esencia del cielo es ser una sola cosa con la voluntad de Dios. La tierra se convierte en cielo cuando en ella se cumple la voluntad de Dios. Por eso, con esta petición, pedimos que la tierra se convierta en cielo.

Gregorio de Nisa:

El hombre se ha deteriorado alejándose del bien; las tinieblas le impiden levantar los ojos hacia la verdadera luz. Sólo se puede llevar una vida de lo alto si nos recostamos en la voluntad de Dios. donde el mal no reina, reina el bien. Cuando nuestra vida se separa del bien, le vuelve las espaldas a la voluntad de Dios. Por eso la oración nos enseña a apartar el mal de nuestra vida, para que como en el cielo, la voluntad de Dios conduzca libremente nuestra vida; para qe liberados del mal, el bien pueda expandirse y la voluntad de Dios pueda cumplirse en nuestra alma.

 

Orígenes:

Quien cumple la voluntad de Dios es Cielo. pidamos que en todos los hombres, en los peore, se cumpla la voluntad de Dios, para que la tierra se convierta en cielo. Porque si la voluntad de Dios se hace en la tierra como en el cielo, la tierra no seguirá siendo tal. Si en la tierra se cumple la voluntad de Dios como en el cielo, todos seremos Cielo.

 

San Juan Crisóstomo:

El Señor nos ha mandado que deseemos los bienes de arriba y que apresuremos el paso en nuestro viaje hacia el cielo; mas en tanto que este viaje no termina, aún viviendo en la tierra, quiere que nos esforcemos por llevar vida del cielo. ‘Es preciso-nos dice- que deséeis el cielo y los bienes del cielo; sin embargo, antes de llegar al cielo, yo os mando que hagáis de la tierra cielo y que, aún viviendo en la tierra, todo lo hagáis y digáis como si ya estuvierais en el cielo’. Esto es lo que debemos suplicar al Señor en la oracion. El vivir en la tierra no es obstáculo alguno para que podamos alcanzar la perfección del cielo. Es posible, aun permaneciendo aquí, hacerlo todo como si ya estuviéramos allí. Lo que dice, pues, el Señor es esto: ‘A la manera como en el cielo todo se hace sin estorbo y no se da allí el caso de que los ángeles obedezcan en unas cosas y desobedezcan en otras, sino que todo lo cumplen rápidamente, así concédenos a nosotros los hombres no cumplir a medias tu voluntad, sino cumplirlo todo como tú quieres’. Y notad cómo nos enseñó aquí el Señor la humildad, al ponernos de manifiesto que la virtud no es sólo obra de nuestro esfuerzo, sino también de la gracia divina. Y juntamente aquí nos ordenó que, aún orando cada uno particularmente, debemos rezar por toda la tierra: que sea destruido el error y florezca la verdad, sea desterrada toda maldad y vuelva la virtud. Si esto sucediera, ya no habría diferencia entre arriba y abajo, pues la tierra daría seres como ángeles del cielo.

 

Benedicto XVI

¿Qué significa la voluntad de Dios? ¿Cómo la reconocemos? La Biblia nos dice que el hombre, en lo más íntimo, conoce la voluntad de Dios, que hay una comunión de saber con Dios profundamente inscrita en nosotros, que llamamos conciencia. Pero también nos dice que esta comunión en el saber con el Creador, que Él mismo nos ha dado al crearnos a su imagen, se ha oscurecido por el pecado; qunque no se haya extinguido del todo ha quedado como una débil llama en nuetro interior, que el Mal intenta apagar del todo. Es una llama que tenemos en lo más pofundo del alma, que está allí. El Padre nos ha hablado de nuevo con palabras que nos llegan desde afuera, para ayudarnos a despertar esa conciencia dormida y debilitada. Esa llama interior, que llamamos conciencia, permanece en el corazón de todo hombre, y sólo la voz de Dios es capaz de despertarla. Por eso es tan importante leer y meditar su Palabra. Ella nos revela la voluntad de Dios que está inscrita en lo más profundo de nuestro ser. La Palabra nos hace entrar progresivamente en sintonía con su voluntad.

Jeremías 20,9

“Había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo trataba de ahogarlo, no podía”

San Agustín:

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,
y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.

Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;
brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.

La Sagrada Escritura nos da constantemente ejemplos de hombres de Dios que tratan de descifrar cada día, en cada paso el querer de Dios sobre su vida. Seres que se preguntan constantemente: “¿qué quiere el Señor?”. El pueblo de Israel siempre recurría a videntes, a profetas que les señalaran el designio del Señor: en batallas, en caminos, etc.

 

Sabiduría 9,9-18

“Señor, contigo está la Sabiduría que conoce tus obras, que estaba presente cuando hacías el mundo, que sabe lo que es agradable a tus ojos, y lo que es conforme a tus mandamientos. Envíala de los cielos santos, mándala de tu trono de gloria para que a mi lado participe en mis trabajos y sepa yo lo que te es agradable, pues ella todo lo sabe y entiende. Ella me guiará prudentemente en mis empresas y me protegerá. Entonces mis obras serán agradables a tus ojos. ¿Qué hombre podrá conocer la voluntad de Dios? ¿Quién hacerse una idea de lo que el Señor quiere? Los pensamientos de los hombres son tímidos e inseguras nuestras ideas. ¿Quién ha rastreado lo que está en los cielos? Y ¿quién habría conocido tu voluntad, si tú no le hubieses enviado de lo alto tu espíritu Santo? Sólo así aprendieron los hombres lo que te agrada”.

 

Numeros 22

“Quédense aquí también esta noche y averiguaré qué dice el Señor. Entró Dios donde Balaam por la noche y le habló… Balaam se levantó de madrugada y se puso en camino. Cuando iba el ángel del Señor se puso en el camino para estorbarle. Iba montado en su burra. La burra vio al ángel del Señor plantado en el camino. La burra se apartó del camino y se fue a campo traviesa. Balaam le pegó para hacerla volver al camino. Pero el ángel del Señor se puso en un sendero entre las viñas, con una pared a un lado y otra a otro. Al ver la burra al ángel, se arrimó a la pared y raspó el pie de Balaam contra la pared. Él le pegó otra vez. Volvió el ángel del Señor a cambiar de sitio, y se puso en un paso estrecho, donde no había espacio para apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. Vio la burra al ángel y se echó con Balaam encima. Balaam se enfureció y pegó a la burra con un palo. Entonces Dios abrió la boca de la burra, que dijo a Balaam: ¿qué te he hecho yo para que me pegues con ésta ya tres veces? Balaam le respondió: ‘Porque te has burlado de mi. Si tuviera una espada te mataría ahora mismo’. La burra le respondió: ‘¿No soy yo tu burra y me has montado desde siempre? ¿Acaso acostumbro yo a portarme así contigo?’ Él respondió: ‘No’. Entonces el Señor abrió los ojos de Balaam, que vio al ángel del Señor, de pie en el camino, y se inclinó y postró. El ángel del Señor le dijo ‘¿Por qué has pegado a tu burra con ésta ya tres veces? He sido yo el que he salido a cerrarte el paso. La burra me ha visto y se ha apartado de mí tres veces… Dijo entonces Balaam: ‘Señor, he pecado, pues no sabía que tú te habías puesto en mi camino. Pero ahora mismo, si esto te parece mal, me vuelvo’.

 

1 Reyes 3,4-13

El Señor se le apareció a Salomón en sueños por la noche y le dijo: ‘Pídeme lo que quieras que te de’. Salomón respondió: ‘Concédeme un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, paara discernir entre el bien y el mal. Y Dios le dijo: ‘Porque has pedido esto y, en vez de pedir para ti larga vida, riquezas, o la muerte de tus enemigos, hs pedido discernimento para saber juzgar, cumplo tu ruego y te doy un corazón sabio e inteligente como no lo hubo antes ni lo habrá después. También te concedo lo que no has pedido…”

 

 

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