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El beso al altar

El beso al altar es la primera acción del celebrante, el cual saluda antes al altar que a la asamblea. De este modo, los fieles son instruidos, ya desde el inicio de la Misa, en la importancia de esta mesa santa. El último adiós es para el altar, no para la asamblea. Primero dice «pueden ir en paz» y después besa el altar. Este beso debe vivirse en todo lo que tiene de sencillo y profundo, de modo que la actitud del celebrante transparente la conciencia cristológica del gesto que realiza. Pero no se trata sólo del beso, sino de toda una actitud del celebrante en relación con el altar.

El altar iluminado es signo de aquel esplendor que dimana de Cristo. El encenderse de los cirios y la luz parten de este centro hasta iluminar todo el templo. La iluminación es un signo cristológico: el altar es signo de Cristo-Luz, aquel que es el resplandor de la gloria del Padre y la lámpara que ilumina la Jerusalén celestial.

El Altar Cristiano – Félix María Arocena

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