La Abadía de Santa Escolástica es un monasterio de monjas benedictinas,

fundado en 1941 y perteneciente a la Congregación del Cono Sur.

Como faro que ilumina la ciudad de los hombres

Enclavada en las afueras de Buenos Aires, a orillas del Río de la Plata, esta comunidad de Monjas Benedictinas desea ser para todos los hombres como un faro que desde su vida orante y contemplativa, desde su alabanza y su trabajo, ilumine el camino de los hombres y acompañe sus pasos a veces febriles y agitados, sus grandes interrogantes y sufrimientos, sus trabajos y fatigas, sus anhelos y esperanzas.

Desea permanecer junto a todos desde el alejamiento del mundo, elegido para estar junto a Dios y para percibir mejor desde el silencio la voz de los pobres, el llanto de los que están tristes, la angustia de los desocupados, el dolor de los enfermos, el desamparo de los huérfanos, el ansia de vivir de los jóvenes, la soledad de los ancianos, el anhelo de paz y felicidad de toda la humanidad.

Por haber descubierto a Dios precisamente en el mundo, por haber intuido en él la belleza y bondad de las creaturas; por haber aprendido en él a amar y a luchar por la verdad, la justicia y la paz; por haber forjado en él los primeros sueños e ideales y haber descubierto en ese mundo el valor sublime de la vida, las monjas eligen libremente alejarse de él y entregar su propia vida a Dios para señalar al pensador y al filósofo, al empresario y al científico, al obrero y al empleado público, a los hombres de las universidades, de las letras y de las artes, al comerciante y al simple hombre de la calle, la meta final, el destino común de feliz eternidad que a todos nos aguarda y que da sentido a nuestro vivir cotidiano.

“Mi palabra se dirige ahora a ti, quienquiera que seas.” (Regla de San Benito Prólogo,3)

Monja leyendo en el claustro de Santa Escolástica
Cristo de la Iglesia Abacial Regina Pacis
Claustro del monasterio
Trabajo en el taller de arte
Procesión litúrgica a la salida del Oficio

Como faro que ilumina la ciudad de los hombres

Enclavada en las afueras de Buenos Aires, a orillas del Río de la Plata, esta comunidad de Monjas Benedictinas desea ser para todos los hombres como un faro que desde su vida orante y contemplativa, desde su alabanza y su trabajo, ilumine el camino de los hombres y acompañe sus pasos a veces febriles y agitados, sus grandes interrogantes y sufrimientos, sus trabajos y fatigas, sus anhelos y esperanzas.

Desea permanecer junto a todos desde el alejamiento del mundo, elegido para estar junto a Dios y para percibir mejor desde el silencio la voz de los pobres, el llanto de los que están tristes, la angustia de los desocupados, el dolor de los enfermos, el desamparo de los huérfanos, el ansia de vivir de los jóvenes, la soledad de los ancianos, el anhelo de paz y felicidad de toda la humanidad.

Por haber descubierto a Dios precisamente en el mundo, por haber intuido en él la belleza y bondad de las creaturas; por haber aprendido en él a amar y a luchar por la verdad, la justicia y la paz; por haber forjado en él los primeros sueños e ideales y haber descubierto en ese mundo el valor sublime de la vida, las monjas eligen libremente alejarse de él y entregar su propia vida a Dios para señalar al pensador y al filósofo, al empresario y al científico, al obrero y al empleado público, a los hombres de las universidades, de las letras y de las artes, al comerciante y al simple hombre de la calle, la meta final, el destino común de feliz eternidad que a todos nos aguarda y que da sentido a nuestro vivir cotidiano.

“Mi palabra se dirige ahora a ti, quienquiera que seas.” (Regla de San Benito Prólogo,3)