Conoce la historia de la Abadía

Comienzos de la Abadía

La Madre Abadesa Gertrudis, de la Abadía de Santa María, en Brasil, abrió ampliamente las puertas de su hospitalario monasterio a las siete primeras postulantes argentinas.

Camino a la Argentina

Las monjas encontraron en la cubierta del barco un lugar tranquilo y apartado donde prepararse para llevar a cabo aquella obra buena que Dios les había encomendado y que las esperaba al desembarcar.

Inicio de las alabanzas divinas

El 16 de septiembre de 1941 -narra la cronista- atracamos en el puerto de la “Santísima Trinidad de Buenos Aires”. Henos finalmente en nuestro monasterio...

En la escuela del servicio del Señor

Os exhortamos a renovar las solemnes promesas de vuestra Profesión monástica, para que este monasterio sea en verdad una "escuela del divino servicio" donde sólo el Señor, vuestro dulce Esposo, sea servido.

Escudo y lema de la Abadía

Bajo el amparo de la Santísima Virgen María, el Monasterio de Santa Escolástica, trae la paz benedictina a estas tierras en las que se plantó la Santa Cruz.

Abadías de S. Benito y de Sta. Escolástica

La comunidad de Santa Escolástica, entre otras e innumerables cosas, debe a la comunidad de San Benito el celo por la alabanza divina, la pasión por lo benedictino y el amor a la tradición y a la Santa Iglesia.

El monasterio que las recibió

Solas en el claustro, el corazón rebosante de alegría y gratitud por todos los beneficios recibidos cantamos la hermosa Antífona: “Paz eterna del Eterno Padre para esta casa”.

Las primicias de Santa Escolástica

Eternamente consagradas a Dios, de su alma brota un canto de alegría: “estoy unida en el cielo con Aquel a quien amé de todo corazón en la tierra”.

Erección en Abadía

Qué fe y que emoción sentíamos renovando nuestra obediencia a aquella que la Iglesia había constituido como Nuestra Madre , y sobre quien la Iglesia ha implorado todas las gracias.

Madre Plácida de Oliveira

Esta alma grande, haciendo honor a su nombre, pacífica y mansa, entregó su vida a la gloria de Dios y a la santificación de sus hermanas, y amó a todas con el celo ardiente de la caridad.

Madre Mectildis Cecilia Santangelo

Su palabra segura y orientadora brotaba de su silencio interior y orante, animada por una caridad limpia y sincera, ingeniosa para hacer todo el bien que Dios le mostraba necesario realizar.

Madre María Leticia Riquelme

Sus últimos meses, cuando todo es ser y veracidad, vimos coronado el misterio de su vida por el humilde testimonio de su pasión. Demasiado grande y misterioso este don de Dios a nuestras vidas.

Conoce el presente de la Abadía

Un día en la vida de una monja

La oración litúrgica y la lectio divina, el trabajo como necesidad vital y la vida comunitaria son los esenciales o elementos fundamentales de la vida de las monjas.

El período de formación

Cuando una joven acoge la invitación de Dios, se la recibe en una escuela en la que cotidianamente las monjas se entregan a esta tarea: dejarse amar por Dios y a su vez amarlo.

Su vida de alabanza

Ellas quieren ser la voz de los que no tienen voz, quieren ofrecer al mundo el humilde servicio de su intercesión. Intercesión que suba ininterrumpidamente hasta el cielo como un canto de alabanza.

Vida comunitaria

Los servicios fraternos, el sostén y la ayuda mutua, las recreaciones y reuniones comunitarias son la expresión de la comunión en Dios y en el vínculo sobrenatural que funda la convivencia monástica.

Vida de trabajo

La Comunidad monástica comparte también con todos los hombres la ley del trabajo, querido y bendecido por Dios, para cooperar en su perfeccionamiento e imprimirle el sello espiritual que ha recibido de Dios.

Hospedería

El ideal de asumir a todos los hombres se realiza no sólo a través de la alabanza sino también de gestos concretos de servicio y acogida a quienes diariamente se acercan al Monasterio.

Charlas y cursos

Las monjas ofrecen a todos los que se acercan a esta casa de oración, retiros, charlas y cursos abiertos a modo de estímulo para vivir y profundizar la vida cristiana.

“Mi palabra se dirige ahora a ti, quienquiera que seas.” (Regla de San Benito Prólogo,3)