Domingo XII del Tiempo durante el año, ciclo A

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ABRID DE PAR EN PAR LAS PUERTAS A CRISTO,

ÉL NO QUITA NADA Y LO DA TODO.

BENEDICTO XVI

 

Oración Colecta: Concédenos, Señor y Dios nuestro, vivir siempre en el amor y respeto a tu santo nombre, ya que en tu providencia nunca abandonas a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

Del profeta Jeremías 20,10-13

Dijo el profeta: “Oía los rumores de la gente: ‘¡Terror por todas partes! ¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!’ Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída: ‘Tal vez se lo pueda seducir; prevaleceremos sobre él y nos tomaremos nuestra venganza’. Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible: por eso mis perseguidores tropezarán y no podrán prevalecer; se avergonzarán de su fracaso, será una confusión eterna, inolvidable. Señor de los ejércitos, que examinas al justo, que ves las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos!, porque a ti he encomendado mi causa. ¡Canten al Señor, alaben al Señor, porque Él libró la vida del indigente del poder de los malhechores!”

 

Salmo responsorial: Sal 68,8-10.14.17.33-35

E/ Por tu gran bondad, escúchame, Señor.

Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro. Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/

Mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia, por tu gran compasión vuélvete hacia mi. R/

Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y vivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. Alábenlo el cielo y la tierra, las aguas y cuanto bulle en ellas. R/

 

De la carta a los romanos 5,12-15

Hermanos, por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. En efecto, el pecado ya estaba en el mundo, antes de al Ley, pero cuando no hay Ley, el pecado no se tiene en cuenta. Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso en aquellos que no habían pecado, cometiendo una transgresión semejante a la de Adán, que es figura del que debía venir. Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos.

 

Evangelio según san Mateo 10,26-33

Jesús dijo a sus apóstoles: “No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre de ustedes. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres”.

 

¡ABRID LAS PUERTAS A CRISTO! Las puertas de la cultura, de la vida personal y social. No hay bajo el cielo otro nombre por el que debamos salvarnos, sino el del Redentor del hombre (cf. Hch 4, 12). Sólo Cristo es nuestro mediador ante el Padre, la única esperanza que no defrauda. Sin Cristo, el hombre no se conocerá plenamente a sí mismo, no sabrá a fondo quién es y a dónde va.

Abrir las puertas a Cristo quiere decir abrirse a él y a su enseñanza. Convertirse en testigos de su vida, su pasión y su muerte. Quiere decir unirse a él mediante la oración y los santos sacramentos. Sin ese vínculo con Cristo, todas las cosas pierden su sentido pleno y se ofuscan los confines entre el bien y el mal. Hoy, se necesitan hombres de profunda fe y recta conciencia, formada en el Evangelio y en la doctrina social de la Iglesia. Hombres para quienes las cosas de Dios sean las más importantes; hombres capaces de realizar opciones acordes con los mandamientos divinos y con el Evangelio. Hacen falta cristianos intrépidos y responsables, que participen en todos los sectores de la vida social y nacional, que no teman los obstáculos y las dificultades. Ha llegado la hora de la nueva evangelización. Por eso, queridos hermanos, me dirijo a ustedes con esta exhortación: ¡Abrid las puertas a Cristo! Sed auténticos discípulos suyos, capaces de “renovar la faz de la tierra”, de encender en el corazón de los hombres y en toda la nación la llama del amor y la justicia.

SAN JUAN PABLO II

Palabras del Papa Francisco

“Señor, te pido un favor, hoy desafíame”. Sí, “Jesús por favor, ven, incomódame, dame el valor de poder responder al desafío y a ti”. A mí me gusta mucho este Jesús que incomoda, que importuna; porque es Jesús vivo, que te mueve dentro con el Espíritu Santo. Y qué bonito un chico o una chica que se deja incomodar por Jesús; y el joven o la joven que no se deja tapar la boca con facilidad aprende a no estar con la boca cerrada, que no está contento de respuestas simplistas, que busca la verdad, busca lo profundo, va a lo ancho, va hacia adelante, adelante. Y tiene el valor de hacerse preguntas sobre la verdad y muchas cosas. Debemos aprender a desafiar el presente. Una vida espiritual sana genera jóvenes despiertos, que ante algunas cosas que hoy nos propone esta cultura —“normal” dicen, puede ser, no sé…— se pregunten: “¿Esto es normal o esto no es normal? Y muchas veces —esto lo digo con tristeza— los jóvenes son las primeras víctimas de estos vendedores de humo; les hacen creer muchas cosas… Pero una de las primeras formas de valor que vosotros debéis tener es preguntaros: “¿Pero esto es normal o esto no es normal?”. El valor de buscar la verdad. ¿Es normal que cada día crezca ese sentido de la indiferencia? No me importa lo que sucede a los demás; la indiferencia con los amigos, los vecinos, en el barrio, en el trabajo, en la escuela… Si no es normal yo debo comprometerme para que esto no suceda. Claro, es necesario valor para esto, es necesario valor.

Desafiar el presente es tener el valor de decir: “Hay cosas que parecen normales pero no son normales”. Y vosotros, esto debéis pensar: ¡no son cosas queridas por Dios y no deberán ser queridas por nosotros! ¡Y esto decidlo con fuerza! Este es Jesús: intempestivo, que rompe nuestros sistemas, nuestros proyectos. Es Jesús que siembra en nuestros corazones la inquietud de hacernos esta pregunta. Y esto es bonito: ¡esto es muy bonito!

Yo estoy seguro de que vosotros sois capaces de grandes horizontes y de mucho valor, pero depende de vosotros si queréis hacerlo: no depende de mí. Yo esta tarde vuelvo y dejo la semilla. A vosotros dejo el desafío, o, como decimos en nuestra tierra: “Os lanzo el guante a la cara”. Vosotros veréis.

Termino con una sugerencia: cada mañana, una simple oración: “Señor, te pido por favor que hoy no dejes de desafiarme. Sí, Jesús, por favor, ven a incomodarme un poco y dame el valor de poder responderte”.

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