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Viernes después de ceniza

Is 58,1-9a / Sal 50 / Mt 9,14-15

De una plática del retiro en la Abadía de Santa Escolástica en octubre de 1991

        

Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis los unos a los otros.
Que, como yo os he amado,
así os améis también vosotros los unos a los otros.

 

Ahora veremos cómo nos amó Jesús. Es un amor mutuo: no esperemos ser amados, amemos. Pero ¡qué alegría si también nos aman! Porque el mandamiento es: Que os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos, si os tenéis amor los unos a los otros (Jn 13, 35). Es muy fácil distinguir cuándo una comunidad vive realmente en el amor. Es muy fácil: hay una transparencia particular de Cristo, en la alegría en que viven los miembros de la comunidad. Se nota. En esto conocerán todos que sois discípulos míos, si os tenéis amor los unos a los otros.

El Señor dice: Os doy un mandamiento nuevo. Entonces iluminemos un poco este mandamiento nuevo.

 

  • ¿Cómo nos amó Jesús?

-A través de un camino de anonadamiento, que es el camino de la exaltación. Recordemos siempre el texto de Pablo a los Filipenses: Siendo de condición divina, se anonadó; tomó la forma de hombre -se hizo hombre, igual a todo hombre excepto en el pecado- se hizo siervo.

 

  • ¿Cómo nos amó Jesús?

-Viviendo en la fidelidad de lo cotidiano al Padre, durante mucho tiempo. Durante toda su vida, pero en la fidelidad de lo oculto. Jesús vivió en lo cotidiano de Nazaret, obedeciendo a María y a José, como una expresión de su amor al Padre. ¡Y a nosotros nos cuesta la obediencia! Nos cuesta el camino de la obediencia, que es el único que nos vuelve al Dios de quien nos hemos apartado (cf. RB, Pról 2).

 

  • ¿Cómo nos amó Jesús?

-Curando plenamente nuestro interior de toda atadura a nosotros mismos, al pecado, a la ley por la ley.

 

  • ¿Cómo nos amó Jesús?

-Siendo Pan, siendo Luz, siendo Puerta, siendo Pastor, siendo Camino, siendo Verdad, siendo Vida.

 

  • ¿Cómo nos amó Jesús?

-Quedándose con nosotros hasta el final.

 

  • ¿Cómo nos amó Jesús?

-Dando su vida en la cruz por nosotros.

 

* Si nosotros tenemos que amarnos como nos amó Jesús ¿no podríamos ser un poco más luz para los demás? ¿No podríamos repartir más nuestro pan con nuestro hermano? Esto de repartir el pan es una expresión de Isaías.

 

* Si tenemos que amarnos como Jesús ¿por qué no perdonamos? Perdonémonos, porque él nos ha perdonado. Perdonémonos, para que él nos perdone.

 

* Si tenemos que amarnos como Jesús, no vayamos de prisa: detengámonos, que alguien puede necesitarnos. Ser luz, ser pan, ser puerta.

 

En Is 58 leemos esto. Isaías grita contra aquellos que piensan que porque ayunan, ya han salvado la plata…

Clama a voz en grito, no te moderes.

Levanta tu voz como cuerno

y denuncia a mi pueblo su rebeldía,

 y a la casa de Israel su pecado.

 

¿Por qué?

Porque se doblan como un junco

y no es ese el ayuno que yo quiero, dice el Señor.

 

         Y dice:

¿no será más bien este otro

el ayuno que yo quiero? 

Desatar los lazos de maldad;

deshacer las coyundas del yugo;

dar la libertad a los quebrantados;

arrancar todo yugo.

 

Pero eso no depende de mí. ¡Claro que depende de ti! Si irradias la luz que hay en ti, comunicas una libertad interior a quien te ve, con quien convives. Quien necesita de la verdad que hay en ti.

        

¿No será partir con el hambriento tu pan

y a los pobres sin hogar recibir en casa?

 

Eso depende de la portera o depende de la Abadesa, abrir la puerta y que entre. O que yo reparta mi pan. ¿Qué es eso de repartir mi pan? ¿ o nosotros no somos pan? Somos pan para ser comidos por Dios en amor, y por los hermanos en caridad.

Partir tu pan. Dios te ha dado algo a ti: poquito, poco; pero te ha dado algo que es tu propio don. ¿Por qué no repartes tu alegría? ¿Por qué no repartes tu paz? ¿Por qué no partes tu capacidad de comprensión, de don y de servicio? ¿No será esto el pan?

Tu pan. ¿Por qué no compartes lo que Dios te dio a entender escuchando la Palabra de Dios, o leyéndola, o sintiendo interiormente? Todo el mundo tiene que decir algo de lo que Dios le ha dicho. Pero si Dios ha hecho algo en mí ¿por qué con sencillez de pobre no compartir este pan con el hermano, con la hermana?

Tu pan. Yo recuerdo siempre a propósito de esto tu pan, yo creo que habré contado alguna vez lo que me pasó cuando apenas casi estaba en Roma: llegó una parejita de recién casados, y vinieron a verme. Me dicen: ‘Usted no nos conoce, tampoco nosotros lo conocemos a usted directamente. Queremos sencillamente venir para agradecerle todo el bien que usted nos ha hecho a través de escritos, de libros etc. Usted nos descubrió mucho la Iglesia, nos descubrió mucho al Padre, nos ha descubierto a María. Y queremos agradecerle’. Total que me contaron un poco que estaban pasando su luna de miel en Roma, que vivían muy cortamente, muy austeramente tomando mate, porque les habían regalado el pasaje de bodas pero no mucho más… Entonces, tomaban mate. Al irse, me dejaron un paquetito de yerba, y yo dije: ‘No, yo tengo yerba. A mí hay mucho tripulantes de Aerolíneas amigos, que me traen yerba… Yo tengo yerba, ustedes en cambio la necesitan’. Y ellos se pusieron un poco tristes, y me dijeron: ‘Sí, pero no tiene nuestra yerba’. O sea que realmente es esto: tu pan. Reparte tu pan.

 

Entonces ¿qué pasa si tú repartes tu pan?

Entonces brotará tu luz como la aurora,

y tu herida se curará rápidamente.

 

En un gesto pequeño de amor que tengamos para alguien, inmediatamente se siente una gran serenidad interior, como un signo de que Dios se ha comunicado de una manera nueva.

Te precederá tu justicia,

la gloria de Yahveh te seguirá.

Entonces clamarás

y Yahveh te responderá.

 

Entonces pensemos un poco: si a veces nos parece que Yahveh, el Señor, no nos responde ¿no será porque nosotros no hemos repartido nuestro pan?

Entonces pedirás socorro

y dirá: ‘Aquí estoy’.

Si apartas de ti todo yugo,

no apuntas con el dedo

y no hablas maldad.

 

¡Qué tentación de apuntar con el dedo! ¿No?

Repartes al hambriento tu pan

y al alma afligida dejas saciada,

resplandecerá en las tinieblas tu luz,

y lo oscuro de ti será como mediodía.

 

¡Qué bonito! ¡Qué hermoso si ocurre eso en nosotros! Pero vuelvo a repetir: esto tiene que darse en un clima de mucha espontaneidad en Dios; de mucha normalidad en Dios. No a constituirnos ahora en consoladores de afligidos. ¡No! Al alma afligida dejas saciada. Pero la puedes dejar saciada con un gesto, con una actitud de adoración. Cuántas veces viendo a otra persona rezar, brota la luz en nuestro corazón. O viendo a otra persona realizar con sencillez y alegría un servicio, nace la tranquilidad en nuestro corazón. Amémonos como Jesús nos amó.

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