Vida de trabajo

“Serán verdaderamente monjes si viven del trabajo de sus manos.” (Regla de San Benito, 48)

La Comunidad monástica comparte también con todos los hombres la ley del trabajo, querido y bendecido por Dios, para cooperar en su perfeccionamiento e imprimirle el sello espiritual que ha recibido de Dios.
Cristaliza este deseo en la realización concreta de sus variados trabajos, de orden artístico, litúrgico, gráfico o artesanal: taller de ornamentos, arte, encuadernación, diagramación e imprenta, repostería y hostias.
Ofrece y pone al alcance de todos su trabajo no sólo como medio de alcanzar su propio sustento sino también para proveer a la creciente solicitud de los pobres y necesitados.

«Hemos de servirle en todo tiempo con sus bienes que ha depositado en nosotros.» (RB Prólogo, 6)