Iglesia Abacial

Es el corazón espiritual de la Abadía. Allí las monjas celebran cotidianamente la Eucaristía y el Oficio Divino. Desde allí ofrecen al mundo el servicio de la oración al mismo tiempo que un espacio sagrado para todo aquel que se acerca.

El Templo, coronado por su torre, es un armonioso conjunto arquitectónico que ensambla simplicidad y belleza. Fue consagrado el 26 de mayo de 1945 y dedicado a la Reina de la Paz, que lo preside desde el espléndido mosaico que recubre el presbiterio. El diseño es obra de una de las monjas artistas del Monasterio y fue realizado por el Taller San José de Emilio Pittaluga. La Virgen sentada, con una rama de olivo en una mano, muestra con la otra al Niño Jesús que sostiene el mundo. Rodeados del arco iris, símbolo de la paz, acogen a cuantos se arrodillan a implorarle ofreciéndoles el don de la paz.

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Es significativo que en la época en que se levantaba este templo que había de estar dedicado a la Virgen de la Paz, en Europa todavía se sufrían los horrores de la segunda guerra mundial.

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Los capiteles y vitrales que adornan el templo representan a los serafines en adoración, cubriéndose el rostro en presencia del Señor y en actitud de alabanza. Son los serafines que, según el libro del profeta Isaías, cantan: “Sanctus, sanctus, sanctus”. Ellos representan la Liturgia del cielo a la que se une la alabanza en la tierra de la comunidad monástica.

«En presencia de los ángeles te alabaré». (RB 19,5)