Homilía en el XV centenario de San Benito

Misa de apertura del simposio conmemorativo del XV centenario de san Benito

San Pablo Extramuros, 17 de septiembre de 1980 [1]

 

Muy queridos hermanos y hermanas, ¡PAX!

Paz a vosotros, hijos de san Benito, que estáis llamados a ser, en el mundo de hoy, verdaderos “buscadores” de Dios, auténticos artesanos de la paz, constructores silenciosos y activos de la nueva civilización del amor. ¡Paz a vosotros!

Vosotros tenéis un mensaje que ofrecernos a nosotros, hombres de Iglesia: el mensaje de la fe, de la primacía de Dios, de la apremiante invitación a la soledad, a la oración. En este fin de siglo y en el umbral del siglo XXI, vosotros tenéis un anuncio que hacer especialmente a los Jóvenes: el cálido llamado a la Esperanza. Vuestra vida será una invitación, para los Jóvenes de hoy, a vivir la firmeza y la alegría de la esperanza. Vosotros tenéis un don que proponer al mundo angustiado, violento, desesperado: es el don de la Paz que es fruto del Amor.

¡Paz a vosotros! Paz a todos vosotros, hijos de San Benito. Por medio de vuestra vida, de vuestro testimonio, de vuestro trabajo, paz al mundo que espera. ¡Paz! Paz a vosotros, Abades y Abadesas que estáis llamados a ser instrumentos del Espíritu Santo, presencia viva y concreta de Cristo en el monasterio: Christi enim agere vices in monasterio creditur[2]. La fe es la que lo dice: presencia de Cristo-Maestro, de Cristo- Padre, de Cristo-Pastor. Depende de vuestra sabiduría y de la profundidad de vuestra contemplación, queridos Abades, de vuestra serenidad y del gozoso don de vosotros mismos día a día, de vuestra firmeza, de vuestra prudencia y de vuestro amor, que vuestro monasterio sea un lugar de paz, la vera Dominici schola servitii[3]. ¡Paz entonces a vosotros! Paz en vuestros monasterios, gracias a vuestra oblación, a vuestra santidad y a vuestro servicio.

Todo el que se acerca a un monasterio benedictino, encuentra siempre escrita la palabra: PAX. Pero sobre todo, siente en el fondo de su corazón un grito silencioso que lo invita: “Paz a ti que llegas a este monasterio. Quienquiera que seas, vienes a buscar la paz: te damos el beso de paz”.

Entre los “instrumentos de las buenas obras”, san Benito propone: Dolum in corde non tenere; Pacem falsam non dare; Caritatem non derelinquere[4]. Pienso, por lo tanto, que un monasterio inserto en el corazón de nuestro mundo de hoy tiene el deber de ser un grito permanente de lo que es necesario para obtener la Paz: la sinceridad, dolum in corde non tenere; la transparencia, la claridad, la sinceridad en Cristo. Pacem falsam non dare: dar la paz verdadera, la que tiene su fuente en la Cruz, la que es fruto del Espíritu Santo y está fundada en la libertad, la verdad, la justicia y el amor.

Queridos hermanos y hermanas, esta solemne celebración en honor de san Benito, en esta muy antigua basílica de San Pablo Extramuros, es un tiempo fuerte, un momento atrayente de vuestro Simposio. En este momento, los corazones se abren gozosamente a la alabanza de Dios, a la acción de gracias al Señor, ut in omnibus glorificetur Deus[5]. Pero, al mismo tiempo, se abren con una gran docilidad, con una gran pobreza, a la escucha de la Palabra de Dios. Una vez más vuestro Padre, nuestro Padre san Benito nos invita a ello: Obsculta, fili, praecepta Magistri[6]. Vivimos un momento eclesial de particular intensidad de comunión profunda, de sincera disponibilidad.

Pienso, queridos Amigos, que debemos responder con un corazón plenamente sincero a estas tres preguntas:

1- ¿Qué puede ofrecer hoy al mundo una Comunidad monástica?

A este mundo en el que vivimos, a este mundo secularizado, sometido a una mutación profunda y continua, dividido, tensionado, violento… ¿qué podemos ofrecerle? –Un modus vivendi evangélico, una auténtica familia con el Padre Abad que actúa en nombre de Cristo, un lugar de serenidad y de paz.

2- ¿Qué significa hoy para la Iglesia –la Iglesia renovada por el Espíritu– la existencia de un monje?

Significa un hombre que escucha, un hombre que busca, un hombre que ama y que da, en la Iglesia servidora que evangeliza y se inserta en el corazón del mundo.

3- ¿Qué esperan la Iglesia y el mundo, nuestra Iglesia, el mundo de hoy de un Abad, de vosotros, queridos Amigos?

Que sean verdaderamente Maestros, totalmente Padres y Pastores. El Abad es un maestro, un padre, un pastor.

Quisiera responder a estas tres preguntas con estas tres frases de la Regla:

La primera: constituenda est ergo nobis Dominici schola servitii[7]. El monasterio, si es auténtico, es un lugar donde se encuentran en apacible intimidad, Dios y el hombre, la oración y el trabajo, el tiempo y la eternidad. Esta schola del servicio del Señor, nos muestra la primacía de Dios, Dominici schola servitii. Por eso San Benito nos invita a nihil amori Christi praeponere[8], nihil Operi Dei praeponatur[9], Christo omnino nihil praeponant, qui nos pariter ad vitam aeternam perducat[10], es decir, a centrar nuestra vida en Dios, en Cristo.

¿Por qué esta schola del servicio del Señor es una respuesta para el mundo de hoy? Porque, si es auténtica, representa una forma evangélica de vida per ducatum Evangelii pergamus itinera eius[11].

Acabamos de leer una página muy hermosa del Evangelio: la Carta magna del seguimiento de Cristo, la síntesis de la invitación del Señor: “Felices los pobres, los dóciles, los misericordiosos, los que tienen hambre y sed de justicia, los artesanos de la paz, etc… Vivir en sinceridad, con un alma sincera, esta página del Evangelio, es llegar, en el tiempo, a la serenidad, a la alegría, a la paz, a la vida eterna comenzada. Vivir el Evangelio en la conversatio morum, en la estabilidad, la obediencia, frente al mundo de hoy: he aquí nuestra respuesta. Una estabilidad que es dinamismo creador y no inmovilismo estático, una forma de vida evangélica que implica la hospitalidad y el servicio en la caridad: así es vuestro monasterio. Sois hombres que buscáis percibir, tocar, servir a Cristo en los huéspedes, sobre todo en los pobres, los peregrinos in quibus Christus adoretur[12], es decir, en los que hay una particular presencia de Cristo.

Este mundo necesita un ejemplo claro, fuerte, concreto, de comunión fraterna.

La segunda frase es: Si revera Deum quaerit[13]. La Iglesia y el mundo esperan de vosotros y de vuestros monjes, que seáis verdaderos cristianos, personas que buscan a Dios verdaderamente en la Palabra que escuchan, en la contemplación y en una oración personal profunda; personas que buscan a Dios en el hermano a quien sirven, a quien aman y a quien descubren; personas que buscan a Dios en la participación en la Pasión y Resurrección de Cristo, es decir, en su misterio pascual; personas que buscan a Dios en la lectio divina que gustan y en la que penetran; personas que buscan a Dios en su trabajo.

¿Qué es “buscar a Dios”? Poner toda nuestra inteligencia, nuestra voluntad, nuestro corazón y todo nuestro ser en disponibilidad y espera de Cristo que viene, que llega, e ir a su encuentro.

Quisiera recordar aquí, aquellas dos frases de san Gregorio Magno refiriéndose a san Benito: Soli Deo placere desiderans, sanctae conversationis habitum quaesivit[14]; y, Ad locum dilectae solitudinis rediit et solus in superni Spectatoris oculis habitavit secum[15]: buscar la soledad, habitar consigo intra claustra contemplationis[16], buscar a Dios para agradar sólo a Dios.

La tercera frase y la tercera respuesta, vosotros Abades aquí presentes, la conocéis bien: es vuestra definición, el don que os ha sido dado, vuestra responsabilidad. Christi enim agere vices in monasterio creditur[17]: la presencia de un Abad es siempre un “misterio de fe” y, por su parte, siempre hay un total don de sí en el amor.

En cuanto presencia de Cristo, quisiera recordaros que el Abad es maestro, padre, pastor. Su palabra, si verdaderamente es sapiens, será una luz; su paternidad, fecundidad; su dirección, orientación para la Iglesia. A vosotros, Abades, Abadesas, aquí presentes, quisiera recordaros con sinceridad, humildad, y amor fraterno, lo que san Benito os dice: Abbas qui praeesse dignus est monasterio semper meminere debet quod dicitur et nomen maioris factis implere[18]; es decir, no por la palabra, ni por la sabiduría sino por su ejemplo, que sea el guía, el maestro, el padre del monasterio. Y además: Sciat sibi oportere prodesse magis quam praeesse[19]. El Abad está hecho para servir, como Cristo, que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida por los demás. Finalmente: Studeat plus amari quam timeri[20]; que busque vivir de tal modo que sea profundamente amado.

Queridos Abades y Abadesas, este Centenario de san Benito es algo extraordinario, no solamente para vosotros, para vuestras Comunidades, para la familia benedictina; es algo grande, muy importante para el conjunto de toda la Iglesia, para el mundo que espera, para el hombre de hoy que vive aislado y busca la comunión; que vive en la violencia y busca la vida; que vive en el aislamiento del egoísmo pero busca el don de sí en el Amor.

Que este Simposio, que este encuentro con vosotros sea un momento privilegiado vivido en Iglesia, una renovación de vuestras vidas en la esperanza recibida del Espíritu, una renovación de vuestras Comunidades en el gozo de la comunión fraterna, y la de toda la familia benedictina impulsada a dar una respuesta a la Iglesia, al mundo, al hombre, en el umbral del año 2000.

Que san Benito, Padre, Maestro y Guía nos acompañe. Amén.

 

 

Notas

 

[1] Cuadernos Monásticos nº 59, Año XVI, Octubre-Diciembre, 1981.

[2] “Porque se cree que hace las veces de Cristo en el monasterio” (RB 2).

[3] Verdadera “escuela del servicio divino” (RB Pról.).

[4] “No tener dolo en el corazón; no dar paz fingida; no abandonar la caridad” (RB 4).

[5] “Para que en todo sea Dios glorificado” (RB 57).

[6] “Escucha, oh hijo, los preceptos de maestro” (RB Pról.).

[7] “Vamos pues, a establecer una escuela del servicio divino” (RB Pról).

[8] “No anteponer nada al amor de Cristo” (RB 4).

[9] “No anteponer nada al amor de Cristo” (RB 4).

[10] “Y nada absolutamente antepongan a Cristo, el cual nos lleve a todos a la vida eterna” (RB 72).

[11] “Sigamos sus caminos, tomando por guía el Evangelio” (Rb Pról.).

[12] “En quienes adórese a Cristo” (RB 53).

[13] “Si realmente busca a Dios” (RB 58).

[14] “Deseando agradar sólo a Dios, buscó el hábito de la vida monástica” (Dial. II, Pról.).

[15] “Volvió al lugar de su amada soledad, y solo, bajo la mirada del celestial espectador, habitó consigo” (Dial. II, cap. 3).

[16] “Dentro del claustro de la contemplación” (Dial. II, cap.3).

[17] “Porque se cree que hace las veces de Cristo en el monasterio” (RB 2).

[18] “El abad que es digno de presidir un monasterio debe siempre acordarse del nombre que se le da y llenar con obras el apelativo de superior” (RB 2).

[19] “Sepa que más le conviene aprovechar que señorear” (RB 64).

[20] “Procure más ser amado que temido” (RB 64).

[18] “El abad que es digno de presidir un monasterio debe siempre acordarse del nombre que se le da y llenar con obras el apelativo de superior” (RB 2).

[19] “Sepa que más le conviene aprovechar que señorear” (RB 64).

[20] “Procure más ser amado que temido” (RB 64).

 

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