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Sábado después de ceniza

Is 58,9b-14 / Sal 85 / Lc 5,27-32

De una homilía del 23 de enero de 1972. CELAM

Vamos a pensar juntos muy sencillamente sobre la idea de un llamado, una vocación, la idea de una comunión. La idea de una luz, de una alegría y de una esperanza porque eso es lo que nos enseñan las lecturas de hoy.

Jesús en el Evangelio se nos presenta como el que llama. Empecemos por aquí la idea de la vocación.

Debemos experimentar hoy el gozo, la seguridad, la responsabilidad de un llamado. Existe el misterio de un llamado en la pobreza y el gozo de una respuesta inmediata.

Hay que tener la seguridad de un llamado, hay que tener también la pobreza de dejar todo. Únicamente cuando dejamos todo podremos seguir de veras al Señor. Por otra parte dirá Jesús: el que quiera venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga.

Este es el misterio de nuestro llamado, de nuestra vocación a la vida religiosa o a la vida sacerdotal; es el misterio de nuestra vida, el de ustedes y el mío. Qué bueno que hoy experimentemos el gozo, la seguridad, la responsabilidad de este llamado. También Jesús nos mira, somos pobres, no tenemos absolutamente nada pero Jesús nos miró, nos amó y nos llamó a tener el gozo, la seguridad del llamado, no dudar. Entonces la respuesta: dejarlo todo, desprendernos, vaciarnos, arrancarnos. Seguir a Jesús supone despojarnos, desnudarnos, vaciarnos, tener las espaldas limpias para asumir la cruz, pero la cruz con alegría.

La segunda idea es la de la Comunión. Tenemos que vivir entonces en un mismo Cristo que nos ha llamado, ser testigos de un mismo Cristo que es luz y salvación. Qué bueno es comprometer al mismo tiempo como llamado del Señor, comprometer nuestra comunión, vivir en el mismo Cristo que nos llamó a ser sus testigos.

En la lectura de Isaías hay una hermosa exhortación a ser luz, a ser alegría, y a ser esperanza. ¿No les parece que eso tenemos que ser a través de nuestra vida consagrada, a través de una pobreza vivida con generosidad, a través de una virginidad vivida con gozo, a través de una obediencia vivida con madurez, a través de nuestra consagración al Señor? Ser luz, ser alegría, ser esperanza.

Si de veras hemos descubierto al Señor que nos ha llamado, si de veras por haber respondido al Señor que sí, vivimos entre nosotros en la comunión del único Cristo animados por el único Espíritu, entonces nuestra vida será esperanza, luz, alegría.

Que la Virgen Nuestra Señora a través de la cual nos vino la Luz, Ella que comunicó la alegría, al esperanza, ella que escuchó la Palabra y que dijo que sí nos haga hoy descubrir otra vez la alegría, la seguridad y la responsabilidad en nuestra entrega, en nuestra comunión, en nuestra misión como luz, como alegría, como esperanza.

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