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¡Alaba al Señor, alma mía! Alabaré al Señor toda mi vida; mientras yo exista, cantaré a mi Dios.

Sal 145,2

Quien canta no solamente canta: ama a Aquel que canta.

San Agustín

Oración Colecta: Dios todopoderoso y eterno, concédenos permanecer fieles a tu santa voluntad y servirte con un corazón sincero. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

Del libro de Isaías 53,10-11

El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él. A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos.

Salmo responsorial: Sal 32,4-5.18-20.22

R/ Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R/

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R/

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R/

QUE LA MÚSICA HAGA A LOS HOMBRES MÁS HUMILDES Y GENEROSOS.

Dios nos ha dotado con el lenguaje universal de la música... La Biblia y la Historia de la Iglesia están llenas de cantos y son una evocación continua de las armonías de la tierra, y son acordes con las del cielo...De entre los medios humanos que la Providencia ofrece al hombre para purificarse y elevarse, para salir de su egoísmo y volver la cara hacia horizontes universales, ciertamente la música es de los más altos y principales. Además, la religión misma la ha consagrado acudiendo a ella. Sus ritos van acompañados de modulaciones que interpretan los sentimientos más fervientes del alma: adoración, arrepentimiento, consolación, gratitud... la historia del mundo, tal cual es narrada en las páginas de los libros sagrados a lo largo de los siglos, el sacrificio de Cristo, las epopeyas de los héroes de la fe y los grandes temas de la vida y de la muerte, han servido de inspiración a cánticos inmortales. Los sacerdotes están familiarizados con la recitación y el canto de los salmos, donde encuentran la fuente de su piedad, a la que su palabra da, al punto, una aplicación universal. ¡Qué ternura —que no excluye ni el sagrado temor ni el aban-dono confiado— suscita el canto coral en una abadía, en una trapa, en un monasterio! Escuchad uno de estos cánticos:

Voy a cantar,

voy a gozarme por ti!

Despierta mi gloria. Despierta salterio y cítara

y despertaré a la aurora.

Te alabaré entre

los pueblos, Señor;

te cantaré salmos

entre las naciones.

Porque sobrepasa a los cielos tu misericordia.

(Sal 57)
SAN JUAN XXIII - 29 de septiembre de 1962

D de la carta a los Hebreos 4,14-16

Hermanos: ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario, Él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado. Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno.

Evangelio según san Marcos  10,35-45

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: “Maestro, queremos que nos Jesusconcedas lo que te vamos a pedir”. Él les respondió: “¿Qué quieren que haga por ustedes?” Ellos le dijeron: “Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu Gloria”. Jesús les dijo: “No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que Yo beberé y recibir el bautismo que Yo recibiré?” “Podemos”, le respondieron. Entonces Jesús agregó: “Ustedes beberán el cáliz que Yo beberé y recibirán el mismo bautismo que Yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados”. Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que aquéllos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.

Jesús se presenta como siervo, ofreciéndose como modelo a imitar y seguir. Santiago y Juan, que persiguen todavía sueños de gloria junto a Jesús le pidieron: “Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda” (Mc 10,37). La respuesta de Jesús fue fulminante, y su interpelación inesperada: “No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? (v. 38). La alusión es muy clara: el cáliz es el de la pasión, que Jesús acepta para cumplir la voluntad del Padre. El servicio a Dios y a los hermanos, el don de sí: esta es la lógica que la fe auténtica imprime y desarrolla en nuestra vida cotidiana y que no es en cambio el estilo mundano del poder y la gloria.

Con su petición, Santiago y Juan ponen de manifiesto que no comprenden la lógica de vida de la que Jesús da testimonio, la lógica que, según el Maestro, ha de caracterizar al discípulo, en su espíritu y en sus acciones. La lógica errónea no se encuentra sólo en los dos hijos de Zebedeo ya que, según el evangelista, contagia también “a los otros diez” apóstoles que “se indignaron contra Santiago y Juan” (v. 41). Se indignaron porque no es fácil entrar en la lógica del Evangelio y abandonar la del poder y la gloria. San Juan Crisóstomo dice que todos los apóstoles eran todavía imperfectos, tanto los dos que quieren ponerse por encima de los diez, como los otros que tienen envidia de ellos (cf. Comentario a Mateo, 65, 4: PG 58, 622). San Cirilo de Alejandría, comentando los textos paralelos del Evangelio de san Lucas, añade: “Los discípulos habían caído en la debilidad humana y estaban discutiendo entre sí sobre quién era el jefe y superior a los demás… Esto sucedió y ha sido narrado para nuestro provecho… Lo que les pasó a los santos apóstoles se puede revelar para nosotros un incentivo para la humildad” (Comentario a Lucas, 12,5,15: PG 72,912). Este episodio ofrece a Jesús la ocasión de dirigirse a todos los discípulos y “llamarlos hacia sí”, casi para estrecharlos consigo, para formar como un cuerpo único e indivisible con él y señalar cuál es el camino para llegar a la gloria verdadera, la de Dios: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos” (Mc 10,42-44).

Dominio y servicio, egoísmo y altruismo, posesión y don, interés y gratuidad: estas lógicas profundamente contrarias se enfrentan en todo tiempo y lugar. No hay ninguna duda sobre el camino escogido por Jesús: Él no se limita a señalarlo con palabras a los discípulos de entonces y de hoy, sino que lo vive en su misma carne. En efecto, explica: “Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por la multitud” (v.45).

Según la tradición bíblica, el Hijo del hombre es el que recibe el poder y el dominio de parte de Dios (cf. Dn 7,13s). Jesús interpreta su misión en la tierra sobreponiendo a la figura del Hijo del hombre la del Siervo sufriente, descrito por Isaías (cf. Is 53,1-12). Él recibe el poder y la gloria sólo en cuanto “siervo”; pero es siervo en cuanto que acoge en sí el destino de dolor y pecado de toda la humanidad. Su servicio se cumple en la fidelidad total y en la responsabilidad plena por los hombres. Por eso la aceptación libre de su muerte violenta es el precio de la liberación para muchos, es el inicio y el fundamento de la redención de cada hombre y de todo el género humano.

Benedicto XVI

 

“¡MAESTRO! QUEREMOS QUE NOS CONCEDAS

LO QUE TE VAMOS A PEDIR”

¿TE DISTE CUENTA TODO LO QUE LE PEDISTE HOY AL SEÑOR?

En la Oración Colecta:

haznos permanecer fieles a tu voluntad y servirte con un corazón sincero,

y que tu misericordia venga sobre nosotros.

En la Oración sobre las Ofrendas:

purifícanos por tu gracia por la celebración de los misterios.

En la Oración Post-Comunión:

que la participación en la Eucaristía nos haga alcanzar los bienes eternos.

LO QUE EL SEÑOR PROMETE A LA ORACIÓN

CONFIADA Y PERSEVERANTE

SUPERA CUANTO PODAMOS IMAGINAR.

FRANCISCO - 21 de septiembre de 2014