Santa Escolástica

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Solemnidad de Santa Escolástica,
fiesta patronal del monasterio

San Benito y Santa Escolástica pasaron toda la noche velando, saciándose ambos en mutua conversación y santos coloquios sobre la vida espiritual. Benito, había deseado una cosa que no pudo alcanzar, porque si nos fijamos en el pensamiento del santo varón, es indudable que deseaba se mantuviera aquella serenidad que tuvo el cielo al descender; mas contra lo que él esperaba, tuvo lugar aquel milagro, alcanzado por la fuerza del Dios Todopoderoso, gracias al corazón de una mujer. Y no es de maravillar que en esta ocasión pudiese más que él aquella mujer que ardía en deseos de ver por más tiempo a su hermano; porque, como dice San Juan: Dios es caridad, y era muy justo que tuviese más poder quien más amaba.

SAN GREGORIO MAGNO – Libro II de los “Diálogos” (cap. XXXIII)

 Oración Colecta: Oh Dios, que adornaste a santa Escolástica virgen con el don de una vida pura e inocente; concédenos la gracia de agradarte siempre con una conducta sin tacha, para poder disfrutar algún día en el cielo cantando tus alabanzas junto al coro de las vírgenes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Del Profeta Oseas 2,16b.17b.21-22

Así habla el Señor: Yo la llevaré al desierto y le hablaré a su corazón. Allí, ella responderá como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto. Yo te desposaré para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia; te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor.

Gradual

Grandes aguas no pudieron apagar el amor ni los ríos lo anegarán. Aunque un hombre ofreciera todos los haberes de su casa por amor, los desdeñaría como nada. Ct 8,7

 Del libro del Apocalipsis 19,1.5-9a

Yo, Juan, oí algo parecido al clamor de una enorme multitud que estaba en el cielo, y exclamaba: “¡Aleluya! La salvación, la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios”. Luego salió del trono una voz que decía: “Alaben a nuestro Dios, ustedes, sus servidores, y los que lo temen, pequeños y grandes”. Y oí algo parecido al clamor de una enorme multitud, al estruendo de una catarata y al estallido de violentos truenos. Y decían: “¡Aleluya! Porque el Señor, nuestro Dios, el Todopoderoso, ha establecido su Reino. Alegrémonos, regocijémonos y demos gloria a Dios, porque han llegado las bodas del Cordero: su esposa ya se ha preparado, y la han vestido con lino fino de blancura resplandeciente”. El lino simboliza las buenas acciones de los santos. Después el Ángel me dijo: “Escribe esto: Felices los que han sido invitados al banquete de bodas del Cordero”.

 

Secuencia

Brilla el mediodía y la virgen Escolástica tiene un feliz reposo. Entra en la alcoba: pide los besos del Esposo, a quien ha amado de un modo único. ¡Con cuántos gemidos y ardores del corazón ella buscó a su amado! Movió los cielos con sus lágrimas, y con grandes lluvias apaciguó el corazón de su hermano. ¡Qué gratos coloquios, cuando Benito explica los gozos del cielo! Arden los deseos y el virginal Esposo provoca los suspiros del alma. Ven hermosísima, esposa amadísima, ven, serás coronada. Dormirás entre lirios, abundarás en delicias y serás embriagada. Oh paloma de las vírgenes, tú que desde las riberas de los ríos te acercas al palacio de la gloria. Atráenos con tus perfumes, apaciéntanos también con las riquezas de la gracia inmortal.

 

Evangelio según san Lucas 10,38-42

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude”. Pero el Señor le respondió: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada”.

Bajo la luz y el perfume de virtud de Santa Escolástica, que descansa en este mismo lugar junto a su hermano, vuestra purísima y virginal presencia -hijas todas de San Benito- alegra y edifica al Pueblo de Dios. En el silencio de vuestro retiro, o en la humildad de vuestros trabajos, representáis de modo singular -más aún, debéis seguir con toda convicción- la actitud espiritual de la Virgen Madre María, que se alegraba de ser la esclava del Señor, profundamente entregada a la sola voluntad del Padre celestial. «Floreced como el lirio, exhalad perfume suave y entonad cánticos de alabanza» (Eclo 39, 19). Y para gozo y utilidad de todos los hombres, vuestros hermanos en la tierra, cantad al Señor castísimas alabanzas y cantad a vuestro Esposo Cristo el júbilo mismo de vuestra unión íntima por el amor.

SAN JUAN PABLO II – 20 de septiembre de 1980 Montecassino

 

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