Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

  

Madre-de-Dios-pag-webHoy comenzamos un año nuevo y nos lleva de la mano la esperanza cristiana. Lo comenzamos invocando sobre él la bendición divina e implorando, por intercesión de María, Madre de Dios, el don de la paz para nuestras familias, para nuestras ciudades y para el mundo entero.

Benedicto XVI

 

Oración Colecta: Dios nuestro, que por la fecunda virginidad de María otorgaste a los hombres la salvación eterna, concédenos experimentar la intercesión de aquella por quien recibimos al Autor de la vida, Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

Del libro de los Números 6, 22-27

El Señor dijo a Moisés: “Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. Ustedes les dirán: ‘Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz’. Que ellos invoquen mi Nombre sobre los israelitas, y Yo los bendeciré”.

 

Algunas notas de la Biblia TOB

El hebraísmo “haga brillar su rostro” equivale a decir: «que él te muestre un rostro sonriente».

Y “que te descubra su rostro” significa: «Que te mire con benevolencia y te acoja». En sentido fuerte, la palabra paz en hebreo significa: «plenitud de alegría».

 

Salmo responsorial: Sal 66, 2-3.5-6.8

R/ El Señor tenga piedad y nos bendiga.

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R/

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud, y gobiernas las naciones de la tierra. R/

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga: que le teman hasta los confines del orbe. R/

 

De la carta a los Gálatas 4, 4-7

Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos. Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: “¡Abbá!”, es decir, “¡Padre!” Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios.

 

Evangelio según san Lucas 2, 16-21

Los pastores fueron rápidamente adonde les había dicho el Ángel del Señor, y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido. Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.

 

Queridos hermanos y hermanas. Jesucristo es la bendición para todo hombre y para toda la humanidad. La Iglesia, al darnos a Jesús, nos da la plenitud de la bendición del Señor. Esta es precisamente la misión del Pueblo de Dios: irradiar sobre todos los pueblos la bendición de Dios encarnada en Jesucristo. Y María, la primera y perfecta discípula de Jesús, la primera y perfecta creyente, modelo de la Iglesia en camino, es la que abre esta vía de la maternidad de la Iglesia y sostiene siempre su misión materna dirigida a todos los hombres. Su testimonio materno y discreto camina con la Iglesia desde el principio. Ella, la Madre de Dios, es también Madre de la Iglesia y, a través de la Iglesia, es Madre de todos los hombres y de todos los pueblos.

Que esta Madre dulce y premurosa nos obtenga la bendición del Señor para toda la familia humana. De manera especial hoy, Jornada Mundial de la Paz, invocamos su intercesión para que el Señor nos dé la paz en nuestros días: paz en nuestros corazones, paz en las familias, paz entre las naciones.

FRANCISCO – 1 de Enero de 2015

 

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«Es interesante la valoración litúrgica de la Maternidad divina.

El Año Nuevo ha quedado marcado

con una presencia de nuestra Señora.

Es María, la Madre del Autor de la Vida,

la Madre del Príncipe de la Paz,

por eso el primer día del año es también

la Jornada Mundial de la Paz.»

Cardenal Pironio

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