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Escudo y lema de la Abadía

Bajo el amparo de la Santísima Virgen (la estrella), el Monasterio de Santa Escolástica (paloma con aureola roja: «la que amó»), por la alabanza divina, trae la paz benedictina (ramita de olivo sostenida con las patas), a estas tierras (barrancas de Belgrano y Punta Chica), a orillas del Río de la Plata en las que se plantó la Santa Cruz.

 

El escudo

escudo-sala-capitularEl escudo de Santa Escolástica fue ideado por el Padre Andrés Azcárate y diseñado por una artista amiga de los Padres benedictinos mientras las primeras novicias argentinas se formaban en el Brasil. Tomó como base el escudo del Monasterio de San Benito en el que ya encontramos la cruz, los montes y el río.

Al escudo de Santa Escolástica se agregaron la paloma y la estrella.

La paloma es signo de Santa Escolástica, según nos narra el segundo libro de los Diálogos al relatarnos cómo San Benito levantando los ojos al cielo vio el alma de su hermana, desprendida de su cuerpo, penetrar en forma de paloma en los ámbitos del cielo: in columbae specie (Diálogos 34).

La aureola es roja por la caridad ya que Escolástica alcanzó del Dios Todopoderoso el milagro de la lluvia y pudo más que su hermano San Benito porque, como dice San Juan, Dios es caridad y era muy justo que tuviese más poder quien más amaba. Plus potuit quae amplius amavit (Diálogos 33).

La paloma lleva un olivo, símbolo de la paz, como lo llevaba la paloma de Noé

La estrella es signo de la Virgen que en Santa Escolástica es venerada como la Reina de la Paz a quien está dedicada su Iglesia Abacial.

 

El lema: In gratia cantantes

El lema: In gratia cantantes (Col 3,16), fue elegido por el Padre Andrés Azcárate quien expresó con esta divisa su deseo de que ante todo y sobre todo esta Comunidad alabara a Dios digna, atenta y devotamente.

Se me está ocurriendo que el mote del escudo de la Fundación, y, por lo tanto, como la voz de mando y la suprema aspiración del futuro monasterio, a través de toda su existencia de siglos y siglos (!), podría ser éste: “In gratia cantantes”, que son palabras de San Pablo. Ellas indicarían que la razón de ser de ese monasterio sería la alabanza divina, y la alabanza digna, magnífica, con todos los primores del arte gregoriano y litúrgico en general, y sobre todo con el alma bien en gracia y amistad íntima de Dios. ¿Qué les parece la idea? Que Sor María Marta, Sor Hildegardis y las artífices, ideen, por su parte, el escudo que a ese mote puede convenirle, sin omitir en él –claro está– el sello benedictino y “escolástico”. 

Supongo que irán advirtiendo, dada la frecuencia e insistencia que en ello pongo, la importancia y trascendencia que doy a la futura vida litúrgica de Santa Escolástica, que la quiero espléndida en todo orden, para que a la vez sirva de acción apostólica. El Rey merece y reclama de sus Esposas lo mejor de lo mejor y lo más primoroso, y hay que dárselo. Por eso les encarecí tanto en mi anterior carta la preparación y adiestramiento del cuerpo y del corazón, como base del Noviciado.

De una carta del R. P. Andrés Azcárate, del 31 de enero de 1940

 

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