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El acto penitencial

Todo sacramento y toda Misa celebrada es un acto de Cristo y de su Cuerpo. Toda buena obra realizada por un miembro beneficia a la totalidad de los miembros, y el pecado es no sólo una ofensa contra Dios, sino una herida infligida al Cuerpo de Cristo. En esta perspectiva, nuestro primer acto comunitario al inicio de esta celebración eucarística es una confesión de nuestros pecados contra Dios y contra el Cuerpo de Cristo: «Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes hermanos»; y en la última parte de este acto penitencial comunitario decimos: «Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios nuestro Señor». De todo esto resulta bastante claro que no hay algo así como un cristiano aislado. Somos cristianos porque pertenecemos a Cristo y a su Cuerpo. Un cristiano que no haya aprendido a ver y amar a Cristo en su prójimo no es plenamente cristiano.

San Juan Pablo II, Papa

 

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