capitulo-2






Camino a la Argentina

partida-santa-mariaEl 12 de septiembre de 1941 partió de la Abadía de Santa María el grupo de las Monjas fundadoras. Lo integraban cuatro brasileras de votos solemnes, seis argentinas de votos temporales y una hermana conversa. En abril del año 1940, la Rma. Madre Abadesa de Santa María nombró Priora  a la R.M. Plácida de Oliveira, hasta entonces Subpriora y Maestra de Novicias. La M. Plácida, que hizo su profesión en el año 1912, perteneció al pequeño grupo de brasileras que recibió su primera formación en la Abadía de Nuestra Señora de la Consolación en Stanbrook, en vista de la Fundación en San Pablo. Grande fue, por lo tanto, la alegría de la pequeña Comunidad de Santa Escolástica y mayor aún su gratitud, al considerar el gran sacrificio de la Madre Abadesa que tan generosamente se desprendía de aquella que, durante más de treinta años, le había testimoniado una tan filial y entera dedicación.

Ese mismo día, el Rmo. P. Archiabad, S. Exc. D. Lorenzo Zeller, bendijo solemnemente la Cruz de la Fundación que la Madre Abadesa Gertrudis entregó a la Madre Plácida con estas palabras: «Recibid la cruz del Señor como primicia de bendiciones sobre sus trabajos en la nueva viña, y anunciad con palabras y obras la doctrina del Crucificado». Por última vez, las dos Comunidades, la de Santa María y la de Santa Escolástica asistieron juntas a Misa, celebrada en honor de aquella a la que la Santa Iglesia llama la “Stella maris” y que sería el faro luminoso en el viaje. Durante la Misa, la Cruz de la Fundación, toda adornada de flores, fue colocada cerca de la reja del Coro.madre-placida

Al salir, la Madre Abadesa, improvisando una pequeña ceremonia, subió las gradas de la reja, para abrazar espontáneamente la Cruz. Lo mismo hizo la nueva Priora de Santa Escolástica. Ambas, unidas en un mismo sacrificio, encontraron en la Cruz del Señor las fuerzas necesarias para entrar plenamente en la realización de los planes divinos.

Fuerte  y animada, la Rma. M. Priora se levantó y, alzó con un gesto espontáneo y que la reveló toda entera, la Cruz, saludando por última vez a su querida Abadesa y a toda la Comunidad. Bien valiente, no viendo sino a Cristo y la obra que Él le confió, se mantuvo firme hasta el final.

A las ocho horas el vapor “Argentina” levantó anclas. Pronto las hospitalarias tierras de Santa Cruz se esfumaron. Para las Hermanas argentinas fue ello la vuelta a la patria; para las brasileras, por el contrario, el alejamiento de la tierra natal, de la Abadía Madre, de los parientes y amigos… Mas los intereses de Dios y de las almas las hicieron triunfar sobre todo ello, y el pensamiento de la única patria, que, un día, nos unirá a todos, puso una nota de alegría en el sacrificio generosamente aceptado.

barco

Las monjas encontraron en la cubierta del barco un lugar tranquilo y apartado, vacío, casi escondido, adecuadísimo y como hecho para Monjas de Clausura. Allí estuvieron bien a gusto durante los cuatro días de viaje, ensayando canto gregoriano, rezando y preparándose para llevar a cabo aquella obra buena que Dios les había encomendado y que las esperaba al desembarcar.

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